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Solicitud de embargo de bienes a beneficiados por cobro ilegítimo de dólar futuro

En el día de la fecha, los Diputados Nacionales Héctor Recalde, Diana Conti, Carlos Moreno, Juliana Di Tullio, Carlos Kunkel, Teresa García y Rodolfo Tailhade ampliaron la denuncia formulada semanas atrás ante el Juez Sergio Torres, reclamando ahora, en primer lugar, que se ordene al Banco Central de la República Argentina suspender el pago de los contratos de dólar a futuro así como también que se disponga el embargo de bienes respecto de todas aquellas personas que se beneficiaron con el cobro ilegítimo de tales contratos después que el actual gobierno dispusiera una devaluación de la moneda nacional de casi un cincuenta por ciento.

Los legisladores pusieron de manifiesto la gravedad institucional que significa que los mismos funcionarios del gobierno, ya sea desde el Banco Central, como su Director Pablo Curat, o bien desde la Jefatura de Gabinete, como Mario Quintana, que dictaron las resoluciones para liberar el mercado de cambio y negociaron el precio del pago final de estos contratos sean las mismas personas que aparecen, según se ha publicado y no desmentido, comprando cifras millonarias en dólares por esta operatoria.

Además, también reclamaron que se investigue el blindaje judicial y mediático que el gobierno de Macri ha obtenido a partir de la actuación delictiva del juez Claudio Bonadío, quien autorizó el pago de estos contratos y desvió la investigación a su cargo, evitando citar y pedir explicaciones a los compradores de dólar a futuro que obtuvieron ilícitamente beneficios millonarios, entre los que también se encuentran amigos personales del Ingeniero Mauricio Macri, como por ejemplo Nicolás Caputo, funcionarios de su gobierno como Gustavo Sebastián Lopetegui y José María Torello, y empresas de medios de comunicación o vinculadas a éstas como el diario La Nación y Cablevisión SA.

Finalmente reclamaron también que la investigación penal promovida por el Fiscal Federal Jorge Felipe Di Lello se extienda a la conducta desarrollada por los Jueces de la Sala II de la Cámara Federal Eduardo Farah, Martín Irurzu y Horacio Catani quienes, a través de una resolución que se califica de prevaricato, decidieron mantener al Juez Bonadío, pese a encontrarse penalmente denunciado, al frente de la investigación sobre dólar futuro, profundizando así la maniobra de encubrimiento y manipulación de la justicia denunciada.

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Las mentiras del Sr. Prat Gay y la rendición del Sr. Macri

Por  Axel Kicillof

Las chicanas reemplazaron a los argumentos. En lugar de explicarnos de qué se trata cada acuerdo con los bonistas, los funcionarios recurrieron a culpar al gobierno anterior. Tenemos la sospecha de que esto es el camino hacia un endeudamiento mucho mayor porque hay una clara vocación por endeudarse en el mercado financiero internacional.

El gobierno ha generado su propio relato. Arman una puesta en escena donde extorsionan al Congreso, responsabilizándolo de todas las desgracias que les ocurrirían a los trabajadores, a los gobernadores y al pueblo en general.

Presentan al endeudamiento como la puerta al paraíso y la historia argentina nos ha enseñado que la deuda externa ha sido una pesada carga y un instrumento permanente para condicionar las decisiones de los gobiernos.

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Macri y los trabajadores

Por Héctor Recalde *

Una a favor: aumento de las asignaciones familiares. Punto y aparte o casi un punto final.

Muchos se sienten como “puntos” de promesas incumplidas, de afirmaciones y desmentidas, de marchas y contramarchas.

Y a propósito de ello, de la relación amistosa y del diálogo abierto, compañero y sin protocolo el Gobierno instaló el protocolo de los 5 minutos y la primera fila sin balas de goma.

Las tres T de Francisco (Tierra, Techo y Trabajo) para el Gobierno fueron Techo para las paritarias de un 25 por ciento (no es precisamente un homenaje al grupo sindical de los 25 que lucharon contra la dictadura cívico-militar).

La T de Trabajo fue en realidad minga de laburo para los cesantes y despedidos, circunstancia que acompañada por las devaluaciones y los imparables aumentos de precios, que no retrocedieron al 30 de noviembre, según propusiera un distinguido militante del JP (ojo no confundir con Juventud Peronista) Morgan (será heredero del pirata ¿?) y el HSBC (el banco de las 4040 cuentas de evasores), sino que con prisa y sin pausa aumentan día a día, junto con los tarifazos, que recién comienzan, augura disminución del consumo, recesión e inflación, o sea el peor de los mundos.

Y finalmente, la ultima T, que significa Tierra, la interpretación del Gobierno es que debe direccionarse para los dueños concentrados de la agroindustria, minería, exportadores etc., o si se quiere, la T de la transferencia regresiva de la riqueza nacional.

Creo que en definitiva lo que nos está pasando es la crónica preelectoral anunciada, es decir: un modelo direccionado a los ricos y no a los pobres; la construcción (o des) de un país con pocos adentro y muchos afuera (salvo los buitres a quienes nos quieren meter adentro, cuando sería mejor dejarlos afuera).

Y podríamos seguir hablando de inequidades o de proyectos que nos preocupan, como la ley del arrepentido, salvo que en ella se trate una reparación a los arrepentidos del 22 de noviembre.

En definitiva, como dijo un ministro: “Es lo que hay”.

* Presidente bloque diputados nacional FpVPJ.

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Otro capítulo de la gran estafa electoral

 Por Axel Kicillof *

El 29 de septiembre de 2015, a un mes de la primera vuelta electoral, la radio y la televisión se saturaron con un enfático y sonriente Mauricio Macri que afirmaba: “En mi gobierno los trabajadores no van a pagar Impuesto a las Ganancias. ¡Ese es mi compromiso!”. (https://youtu.be/q7htwkzI9k0). Lo mismo sucedió cuando el 17 de noviembre dijo “yo no voy a devaluar, es una mentira” (https://youtu.be/qNVCGwSIfi8). Ahora ya es oficial: una vez más, Macri Miente (MM), como mintió descaradamente en la campaña.

Macri no eliminó el Impuesto a las Ganancias como había prometido. En realidad, hizo lo contrario. Anunció que iba a modificar el mínimo no imponible que, según él y los medios de comunicación oficialistas, Cristina no había modificado nunca. Esta también es una mentira: desde 2006 a 2015 Cristina elevó ocho veces el mínimo no imponible y tres veces eximió al medio aguinaldo. Y, como se verá, el resultado de la modificación del mínimo no imponible de Macri es lamentable: más asalariados terminarán pagando el impuesto.

Según Macri, la modificación es muy generosa, ya que el mínimo no imponible pasó de 15.000 a 30.000 pesos. Esto es mentira. El mínimo no imponible efectivo no era de 15.000 pesos. Esto se debe a que en 2013, además de fijarse el mínimo en 15.000 pesos se fijó también a 2013 como año base para el cálculo: los asalariados que ganaban menos de 15.000 en ese año dejaron de pagar Impuesto a las Ganancias de ahí en adelante. Tomando los aumentos promedio de 2014 y 2015, el mínimo no imponible efectivo que dejó el gobierno de Cristina es hoy de 31.400 para los que trabajaban en 2013. De modo que al fijarlo en 30.000 pesos, Macri acaba de ¡bajar el mínimo no imponible!

Según el titular de la AFIP, 180 mil personas van a dejar de pagar el impuesto. Estos son los que empezaron a trabajar después de 2013, lo cual desmiente además que se haya dejado de crear empleo. Pero se olvidó de sumar a todos aquellos que van a empezar a pagar porque su sueldo es más de 30.000, una cantidad que estimamos en 380 mil trabajadores. Por eso, según nuestros cálculos, en total y en términos netos, casi 200.000 trabajadores adicionales van a incluirse en el impuesto. Si no hubiera mentido en su propaganda electoral, Macri debería haber dicho: “En mi gobierno más trabajadores van a pagar Impuesto a las Ganancias”. Para peor, todos estos cálculos no tienen en cuenta el resultado de la paritaria en curso. A fin de año, todavía más trabajadores van a superar los 30.000 de Macri. Pero, ¿será sólo un error de cálculo (como el 40 por ciento que se les ofreció y luego se les quitó a los docentes)?

Durante los últimos años, el debate sobre este impuesto fue muy intenso. Nuestra posición es que el Impuesto a las Ganancias o, mejor dicho, a los altos ingresos, tiene una cualidad: es progresivo, es decir, pagan más los que más ganan. En efecto, de los aproximadamente 11 millones de trabajadores en relación de dependencia, sólo lo paga el 10 por ciento con salarios más altos. Justamente por eso, es otra verdadera estafa sostener que un cambio en Ganancias puede darse “a cambio” de reducir el porcentaje de aumento en las paritarias. Una reducción del Impuesto a las Ganancias mejora los ingresos sólo del 10 por ciento que más gana. Para el 90 por ciento de los trabajadores no cambia absolutamente nada. El porcentaje de las paritarias no tiene nada que ver con el Impuesto a las Ganancias para la gran mayoría de los trabajadores.

En los 12 años de kirchnerismo, el Impuesto a las Ganancias formó parte de un esquema de crecimiento económico e inclusión social. Las mineras, las petroleras, los grandes exportadores de grano pagaban impuestos específicos –las retenciones–. En el caso de los alimentos, estas retenciones contribuían además a que los precios internos fueran más baratos. Los subsidios a la luz, el gas y el transporte reducían el costo de vida y constituían una parte importante de los ingresos indirectos. Y la inclusión avanzaba también a través de la AUH, la moratoria jubilatoria, el Ahora 12, el Progresar, el crédito barato para las pymes, y tantas otras medidas. En ese marco se cobraba Impuesto a las Ganancias al 10 por ciento de los trabajadores de mayores salarios.

¿Cómo se justifica ahora el Impuesto a las Ganancias? En sólo 70 días, Macri implementó una batería de medidas que saca recursos a los asalariados, a los jubilados, a las clases medias, y los entrega a los que ya lo tienen todo. Con la megadevaluación y la quita de retenciones y subsidios, los precios suben mientras también aumentan las tarifas, el ABL, las multas, las prepagas, los remedios, las cuotas de las escuelas privadas. Caen así los ingresos de los trabajadores y de las clases medias, contrayendo el consumo y la demanda, achicando el mercado interno. Esto afectará a su vez a la producción y al empleo.

Pero no todos pierden. La devaluación del 50 por ciento les aportó a las 10 principales empresas agropecuarias más de 150.000 millones de pesos. A esto hay que sumar la baja de retenciones, que aportó un beneficio adicional para las cerealeras de cerca de 22.000 millones de pesos. A las mineras (10 firmas) se les transfirió por la baja de retenciones 3.300 millones de pesos, a lo que hay que agregar también el efecto de la devaluación sobre sus exportaciones. A Clarín además de Nextel se le entregó la publicidad del Fútbol para Todos, mientras los costos corren por cuenta del Estado. Y como si esto fuera poco, a los fondos buitre (ahora llamados cariñosamente “holdouts” o simplemente “acreedores”) se les prometieron 90.000 millones de pesos.

El modelo económico de ajuste, apertura y endeudamiento no es la respuesta de Macri a una “pesada herencia”. Es el mismo modelo que querían aplicar en 2003, en 2008, en 2010, es decir, en cualquier circunstancia. Y es el que efectivamente se aplicó en 1976 y en los 90. El resultado fue siempre el mismo: la crisis económica y exclusión social.

* Diputado nacional. Ex ministro de Economía.

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El caso del falso déficit fiscal

OPINION > UN AJUSTE REAL PARA “CURAR” UNA CRISIS INVENTADA

 Por Axel Kicillof *

A esta altura de los acontecimientos a nadie se le puede escapar que el gobierno de Macri está implementando un clásico programa de ajuste. Tampoco se le puede escapar a nadie que ha decidido usar como “justificación” para su plan económico la presunta “pesada herencia” que recibió de Cristina. Claro está que lo sucedido en los primeros dos meses de gobierno contrasta con las declaraciones de Macri en campaña, cuando por ejemplo el 17 de noviembre dijo en el programa de Jorge Rial: “No vamos a devaluar, es una mentira”. O como cuando un recién asumido Prat-Gay, el 12 de diciembre, dijo: “La Argentina está en buenas condiciones (…) no hay urgencias (…) Nos dejan una herencia complicada pero no se compara con otros momentos del país”; y negó que estuviera en sus planes “abrumar” con “una batería de medidas”.

En la historia argentina, los grandes planes de ajuste vinieron siempre precedidos de una grave y evidente crisis económica. Se proponía entonces un gran sacrificio para salir de un gran desastre. Por eso los ministros de Economía se hicieron célebres con frases como “hay que pasar el invierno”; “el que apuesta al dólar, pierde”; “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”; “con la Convertibilidad habrá más de seis décadas de crecimiento y prosperidad en la Argentina”; “el que depositó pesos recibirá pesos, el que depositó dólares, recibirá dólares”.

El “pequeño detalle” es que el gobierno de Macri no recibió una economía en crisis, ni mucho menos. No es que lo diga yo –una parte interesada–, sino que es lo que muestran absolutamente todas las consultoras privadas. Durante el año 2015, la economía brasileña se contrajo cerca de un 3 por ciento, por caso. Pero para Argentina 2015 no fue un año recesivo. Según la consultora Ferreres, la economía creció un 1,7 por ciento, la industria 1,1 y la inversión un 1 por ciento. Para el FMI, el crecimiento fue del 1,5 por ciento. Es decir, la economía no estaba estancada ni en caída, ni siquiera para los detractores del gobierno de Cristina. Tampoco se sufría una aceleración inflacionaria. Es más, todas las consultoras privadas reconocían que la inflación venía cayendo fuertemente desde 2014. Comparando eneronoviembre de 2014 con el mismo lapso de 2015, según Elypsis la inflación había caído del 31,4 al 18,2 por ciento, es decir, una marcada desaceleración del 13,2 por ciento. Las estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires mostraban lo mismo, ya que la inflación pasó de ser del 33,6 por ciento en 2014 al 19,7 en 2015, es decir, la desaceleración fue del 13,9 en un año. Lo mismo para el IPC Congreso que pasó del 33,5 por ciento al 20,4, es decir, se redujo un 13,1 por ciento. Las reservas estaban al 10 de diciembre en 25 mil millones de dólares, después de pagar en octubre el vencimiento más grande de la década: 5900 millones de dólares del Boden 15. Recordemos también que Néstor Kirchner recibió en 2003 reservas por 11 mil millones, y que recién después de tres años arañaba los 25 mil.

En síntesis: ni aumento del desempleo, ni caída de la actividad, ni aceleración de la inflación, ni drástica caída de reservas. La crisis no se veía por ningún lado. Pero Macri y su equipo económico ortodoxo estaban decididos a aplicar de todos modos y en cualquier caso su política económica de ajuste.

A toda esta construcción marketinera, hay que agregar un punto más: el déficit fiscal. Muchas veces en la historia argentina hubo déficit e insolvencia del Estado Nacional. Esta situación lleva a que no se puedan pagar o se demore el pago de jubilaciones, sueldos del Estado, giros a las provincias. Pero nada de eso pasó. Por el contrario, luego de asumir, el gobierno de Macri comenzó a cumplir sus promesas de campaña “perdonando” impuestos a sectores concentrados como los sojeros o mineros y a dar subsidios a otros, como los petroleros. Ese “derroche” deja a las claras que “problemas de caja” no parece tener. Por lo tanto, el déficit fiscal apremiante pasó a ser lisa y llanamente una inmensa mentira, para justificar la política de ajuste que Macri iba a implementar de todos modos. Tal como lo reconoció el propio Prat-Gay en su segunda conferencia de prensa del 13 de enero.

Para empezar, el ministro de Hacienda dijo que el déficit fiscal de 2015 –medido como lo hacen todos los países del mundo– alcanzó el 2,3 por ciento del PIB. Pero ese nivel de déficit no servía como excusa para su plan, ni tampoco es “alarmante”. De hecho, tener déficit ha sido la condición normal de los países en esta etapa: según el FMI, de 188 países sólo 18 tuvieron superávit financiero y 34 superávit primario en 2015. Y países como Estados Unidos, Brasil, España, Japón, Reino Unido tuvieron más déficit que Argentina.

El porcentaje de déficit fiscal se calculó utilizando la metodología usual, que respetan todos los países y que proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. Pero en su conferencia de prensa, Prat-Gay decidió utilizar otra metodología, de su invención. El objetivo era “elevar” ese déficit para que cumpliera el papel propagandístico. Lo que sigue es algo técnico, pero fácil de comprender.

Luego de reconocer el 2,3 por ciento, Prat-Gay comenzó con una ensalada de sumas y restas para concluir que –según su propio método– el déficit era del 7 por ciento. ¿Qué sumó? Primero, sumó los gastos que quedaron sin pagar y pasaron al año siguiente, por un 1 por ciento del PIB. Ningún país del mundo lo suma cuando calcula el déficit. ¿Por qué? Porque todos los años quedan ciertos gastos que se pagan el siguiente ejercicio. Lo mismo había ocurrido en 2014, de modo que si quiere “sumar” los gastos que quedan para el año próximo, debería al menos “restar” los pagos que se hicieron en 2015 pero eran del año anterior. Si no, es una verdadera burrada. Pero como el objetivo era “construir” un déficit alto, parece que valían las burradas.

Engordado así, el supuesto déficit solamente alcanzaba el 3,5 del PIB. Había que seguir sacando conejos de la galera. Por eso Prat Gay decidió “restar” todos los ingresos que el Banco Central le giró al Tesoro Nacional. Como todo el mundo sabe y tal como se refleja en la Carta Orgánica del BCRA, el Estado Nacional es el único dueño del Banco Central. Las ganancias del banco van a su dueño, el Estado. Es un procedimiento habitual, por ejemplo, el 29 de enero de este año pudimos saber que el Banco Ciudad había girado sus ganancias al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Bien, Prat Gay decidió “descontar” este ingreso del Estado para engrosar el supuesto déficit, que entonces llegó artificialmente al 5,8 del PIB.

Aplicando contabilidad creativa, ya habían logrado sacar dos conejos de la galera, y así exagerar la situación de la caja. Pero no alcanzaba todavía, porque durante toda la campaña repitieron el mágico número del 7 por ciento para hablar de déficit. Recurrió entonces a un verdadero hallazgo. Sumó al presunto déficit que dejó Cristina ni más ni menos que… ¡las promesas de campaña de Mauricio Macri! Veamos cómo lo dijo textualmente:

“Sobre la herencia, para ser completamente honestos y transparentes, tenemos que agregar las cosas que nosotros prometimos en campaña. Ustedes saben que prometimos muchas cosas en campaña y que las hemos ido cumpliendo… ¿Cuál es el costo de esas promesas de campaña? (… eso implica alrededor de casi 1 punto y medio del PBI. Entonces, el punto de partida de herencia, más promesas, y toda la herencia adentro, es un déficit primario del 7 por ciento del PBI. Eso sí, hay que irse 40 años atrás para encontrar este nivel de déficit o de desequilibrio, o el título que ustedes quieran”.

Créalo o no. El déficit verdadero, aceptado por Prat-Gay, fue el 2,3 por ciento. Pero alguien le habrá dicho: “No, Alfonso, querido, no vas a reconocer ese número, si toda la campaña dijimos 7. Inventá algo, dibujá y llegá al 7”.

El resultado de este juego de ilusionismo no es, sin embargo, ni ilusión y ni fantasía. Todo lo contrario, es una verdadera pesadilla. Este déficit totalmente inventado es el que están usando como justificación para echar gente, achicar el Estado, quitar subsidios, modificar el régimen de jubilaciones y aumentar tarifas. Es penoso confirmar que lo que dijimos una y otra vez en la campaña electoral se va cumpliendo paso a paso. El verso del “déficit fiscal descontrolado” es sólo una mala excusa para seguir recortando derechos.

* Diputado (FpV), ex ministro de Economía.

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Datos de la gestión macrista presentados hoy por el Bloque de Diputados del FpV-PJ durante la conferencia de prensa

Conferencia de prensa del Bloque de Diputados del FpV-PJ.

 

 

Héctor Recalde: “Somos la primera minoría y la vamos a ejercer en defensa del pueblo argentino”.

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Héctor Recalde: “El IPC fue más bajo que el índice de CABA. Si quieren ser oposición al menos hubiesen puesto 4,2%”

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Héctor Recalde: “El gobierno está trabajando para los ricos y no para los sectores más postergados”

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Héctor Recalde: “Las paritarias no deben tener ni piso ni techo. Nosotros apoyamos a los trabajadores”

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Linchamiento

Por Luis Bruschtein

Se ha dicho que la sola asunción de un gobierno de derecha sin preludios golpistas constituye un avance en Argentina. Y la verdad es que no es cierto. Están los antecedentes de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Mauricio Macri no llegó con esa novedad y, en cambio, sus primeros dos meses de gobierno dejan un sabor a empobrecimiento democrático y a justificación paternalista de formas despóticas. El mismo discurso violento tiene una carga diferente cuando se realiza desde la oposición que cuando proviene del oficialismo y sobre todo del Estado. Aunque el Estado en Argentina es débil frente a las grandes corporaciones, es poderoso frente al ciudadano de a pie. Si el ciudadano le grita al Estado, es David contra Goliat. Si el Estado, en este caso regido además por las corporaciones, le grita lo mismo al ciudadano de a pie, es un atropello y un abuso institucional.

El macrismo, muy apoyado en las corporaciones mediáticas, usó un discurso muy violento desde la oposición, más allá del disfraz de los globitos y los pasitos de baile. El discurso verdadero estaba en los insultos, las amenazas, las agresiones a periodistas y los carteles con horcas que se vieron y escucharon en los cacerolazos, en las campañas mediáticas y en las intervenciones en las redes sociales. El discurso violento, naturalizado por esas corporaciones, justifica después consecuencias autoritarias cuando se llega al gobierno. El síntoma más característico de este tipo de gobiernos es la persecución ideológica, a veces como demostración de poder, a veces para satisfacer el odio que generaron en parte de la sociedad que lo respaldó. Que la derecha argentina tenga esa concepción del poder, baja la calidad democrática de la sociedad en general. Es un problema argentino, no sólo de la derecha. Pero la degradación es mayor si se busca extender esa concepción a toda la sociedad. Es el mismo efecto, el mismo arrebato que en un linchamiento, donde el grupo linchador es arrastrado por los lugares más repugnantes de la condición humana.

Los despidos de trabajadores del Estado están montados como un gran linchamiento público. Además de sacarles el trabajo, se alienta a ensañarse con los despedidos, a despreciar sus funciones, a humillarlos frente a sus familias y amigos y se naturaliza el espionaje en sus tuits y en sus páginas personales de Facebook para demonizarlos y lincharlos como una lacra antisocial. No existen antecedentes en treinta años de democracia. Ni siquiera Raúl Alfonsín, que recibió un Estado lleno de simpatizantes de la dictadura, usó este argumento ideológico para realizar despidos masivos.

Los ajustes de Menem tuvieron argumentos económicos. Aquí no. Es un linchamiento público de supuestos kirchneristas y camporistas. Está montado con esa escenografía. En todos los linchamientos se han visto energúmenos que alientan a la turba para darle y darse valor y autojustificación. Existen equivalentes. Periodistas oficialistas se burlan de los despedidos y hasta se produce una escena dramática entre un grupo de despedidos, algunos que se abrazan y lloran en la puerta del Ministerio de Cultura, y “vecinos” que les arrojan huevos y cubitos de hielo. En las redes, estos vecinos de Recoleta, padre e hijo, ex vicepresidente de una cadena de supermercados mayoristas el padre, abogado el hijo, activos participantes de los actos de Macri, han sido identificados y sus fotografías, muy claras, se han viralizado en las redes, es fácil reconocerlos. En esa escenografía, estos personajes son definidos como “vecinos”. Esa denominación busca que los huevazos se asuman como veredicto de la opinión pública. Y en el momento que eso ocurra habrá una sociedad al borde del fascismo. En el marco de ese drama para cientos de personas que pierden su trabajo y para una sociedad que asiste a un hecho que la deshumaniza por el sólo hecho de permanecer callada mientras sucede, trasciende que el ministro de Cultura despedidor, Pablo Avelluto, contrató a su novia Carolina Azzi. Despedir a 500 personas y contratar a su novia no es lo más ético para el máximo gestor de cultura.

Como sucede con el PRO, todo el discurso de los despidos transcurre por dos vías simultáneas. Una violenta y más difundida: “son todos ñoquis”, “con la plata de todos les pagan la militancia en La Cámpora”. Y la de los globitos amarillos a cargo del ministro de “Modernización” Andrés Ibarra: “Nosotros no tenemos la culpa de que los contratos tengan fallas”. La de Ibarra es real, pero es una excusa. Otro ejemplo lo aportó el ministro de Salud, Jorge Lemus, que paralizó todos los programas de prevención y ahora afronta la mayor epidemia de dengue, pero tuvo tiempo para la caza de brujas como primera medida. No hizo nada para prevenir un brote epidémico que ya tiene más de 1200 infectados en todo el país, pero tuvo tiempo para retirar el nombre de la Madre de Plaza de Mayo, Laura Bonaparte, del ex Cenareso. La excusa fue de globitos amarillos: se había aprobado en Diputados, pero faltaba el trámite en el Senado.

El dengue le cayó de sopetón porque no lo previó. Un ministro de Salud no puede no prever una amenaza que es conocida por cualquier sanitarista y que se contuvo durante seis años a duras penas en la frontera con estrictas medidas sanitarias. En Bolivia, Brasil y Paraguay, el dengue es endémico, no es nuevo, es imposible ignorarlo. Y hubo inundaciones en el litoral y el norte en pleno verano, cuando el mosquito se reproduce. Había que estar ciego para no ver. El hombre que asumió como ministro de Salud no pensó en el dengue. La primera acción pública en Salud fue quitarle a un hospital el nombre de una Madre de Plaza de Mayo. El Ministerio de Salud está paralizado porque Lemus está investigando la ideología de los empleados en medio de una epidemia de dengue y ni siquiera los directores designados tienen firma, por lo que no pueden ordenar el trabajo. La investigación incluye interrogatorios personales y el espionaje de Facebook y tuits de los empleados, como sucede en toda la administración pública.

En estos dos meses, lo único que se ha sabido de Cultura y Salud es este festival bizarro de despidos y cacería de brujas. El sólo hecho de ser kirchnerista o de La Cámpora amerita el despido. No se exhibió un solo caso de personas que cobraron sin asistir al trabajo, más conocidos como ñoquis. Es probable que los haya –y en ese caso estaría justificado el despido–, pero, llamativamente, no se los muestra. Solamente se dice que son kirchneristas o de La Cámpora. Dicen que se los echa porque son ñoquis pero no se muestra ningún ñoqui, sino que se enfatiza, como justificación, en la ideología de los despedidos porque ese es el mensaje que se quiere naturalizar. Se busca que la sociedad vea correcto que el nuevo gobierno despida trabajadores del Estado por motivos ideológicos.

Las situaciones extremas sacan a la luz muchas facetas de la condición humana, como la del padre y el hijo de los huevazos o los periodistas que justifican y alientan. Los dirigentes sindicales que traicionan su propia esencia para estigmatizar a los trabajadores despedidos constituyen la representación más triste de la alienación que produce la turba inducida por un poder no democrático. “Son todos ñoquis” fue la frase delatora que en ese contexto refiere a un Judas bíblico. Por ella, el sindicalista de judiciales Julio Piumato pasará a la historia del sindicalismo argentino. Enfrentado políticamente al kirchnerismo, Piumato podría haber priorizado su rol de dirigente sindical pero fue arrastrado por el sentido común de la turba.

El paro que convocó ATE para el 24 es como el acto solitario de la persona que trata de hacer razonar en medio de un linchamiento. Y seguramente será acusada de defender ñoquis. Desde el punto de vista gremial estará defendiendo el trabajo de sus compañeros. Pero en un clima político enrarecido por la forma en que esos despidos tienden a convertirse en un ensayo para que la sociedad naturalice la persecución ideológica, el gremio de los estatales que se movilizó ayer y hará un paro nacional el 24 estará defendiendo algo que va más allá de los propios despedidos, que es la integridad democrática de la sociedad en su conjunto.

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